jueves, 10 de abril de 2014

Diabetes tipo 1 o la necesidad de eliminar trabas (que no tiras)

Sólo los que están muy en el ajo saben de qué va la diabetes tipo 1. Algunas veces he visto cómo se aborda el tema en el cine: se suele describir, de un modo bastante superficial, como gente que tiene que pincharse insulina o que sufre restricciones dietéticas. Y muchas veces el cineasta transmite al espectador una complicidad infantil contra unos médicos antipáticos y opresores y muestra como, secretamente, el paciente da un valiente corte de mangas a buena parte de lo que aquéllos le dicen para vivir un poco más a sus anchas. Creo que pueden considerarse como boutades desinformadas.

La diabetes tipo 1 (a diferencia de otros tipos de diabetes) es una enfermedad caracterizada porque las defensas han liquidado a las células que producen la insulina (llamadas células beta). Estas células se alojan en el espesor del páncreas (la mayor parte del páncreas sirve para otra cosa). Para no morir - como pasaba antes del descubrimiento de la insulina -, el paciente debe recibir insulina de fuera. Pero la insulina no se puede tomar en pastillas - se lleva intentando desde hace varios años, pero la cosa no va -. Hay que pincharla bajo la piel. Ya nos gustaría a todos que fuera de otro modo.

Durante décadas todos nos hemos esforzado en evitar sufrimientos a los pacientes y que se pinchen menos veces. Una o dos veces al día, por ejemplo. No funciona, desgraciadamente. E insisto que no funciona en la diabetes tipo 1, que otros tipo de diabetes es otro cantar. Porque una chica puede contraer diabetes tipo 1 a los doce y tiene muchas décadas por delante. Si se quiere dar un tratamiento efectivo que la proteja de las terribles complicaciones a largo plazo del azúcar - ya hablaré de ello más adelante -, es preciso intentar imitar - aunque sea burdamente - el modo en el que la insulina funciona en personas no diabéticas. Así se consiguen mejores resultados. Claro que hay que pincharse más veces. O llevar una bomba de insulina puesta. Puede que sea más molesto, pero son los sistemas que aportan buenos resultados. En otro post, explicaré un poco mejor de qué va todo esto.

Quiero explicarles otro problema más que martiriza a mis pacientes, pero que puede ser combatido. Se trata de la variabilidad. Pasados unos años desde que comienzan con la diabetes tipo 1, el control del azúcar tiende a hacerse inestable. Sin que se sepa por qué muchos pacientes, haciendo exactamente lo mismo y con las mismas dosis, pueden presentar niveles de azúcar en sangre muy variables. Y por tanto, presentar con frecuencia bajadas de azúcar que les amargan la vida. Éstas son a menudo las razones que nos llevan a ponerles una bomba de insulina. Aunque la bomba tiene sus entresijos y queda para otra ocasión. Como las bajadas de azúcar o la excesiva variabilidad. Hoy voy a otra cosa.

Imaginen a una chica de veinte años, en plena facultad, con una diabetes tipo uno de unos años de evolución. Tiene su grado de variabilidad. Hoy me levanto con 232 mg/dl de azúcar, pero ayer me levanté con 82. Y el día transcurre de manera pareja, con sus altos y sus bajos. Cualquier propuesta terapéutica actual se va a basar en un abordaje integral donde es clave el autocontrol cuidadoso basado en la alimentación - que es mucho menos restrictiva de lo que la gente cree - y en el ajuste constante de las dosis de insulina, especialmente de la rápida. Y en administrarse una dosis adicional, por ejemplo a media mañana, si la cosa se ha salido de madre. Lo llamamos un "bolo de corrección".

En usted, señora o señor no diabético, es lo que hacen sus células beta intactas a cada momento, detectando el azúcar que hay en sangre y liberando la insulina que hace falta. Pero mi paciente universitaria - o limpiadora, o dependienta, o lo que ustedes quieran - no tiene este mecanismo. Necesita saber - y saber con mucha frecuencia - qué azúcar tiene en sangre. Y a eso voy hoy.

Hoy, dentro de un rato, me encontraré con varios pacientes diabéticos tipo 1 a los que expondré que el plan terapéutico consiste en reforzar el autocontrol y la autoprotección (con nuestro apoyo) a corto, medio, largo y muy largo plazo. Creo no ser obsesivo ni machacón si insisto en que la calidad de la vida - y la duración, por este orden de importancia - va a estar estrechamente ligada al control de la diabetes. Y, por contra, las incidencias de la vida repercutirán - ¡Cómo no! - en el control de la diabetes. Esperemos que de la forma lo más limitada posible.

Para este camino, insisto, a corto, medio, largo y muy largo plazo, la ciencia de hoy - y por favor, dejen de prometer células madre y otras cosas hasta que la cuestión esté muy madura - depende de mirarse el azúcar en el dedo con una tira reactiva cada poco. Porque el azúcar del diabético tipo 1 se levanta hoy así y mañana de la otra manera. Y la dosis de insulina rápida se ajusta en cada comida dependiendo de como está el azúcar en ese preciso instante y de la cantidad estimada de carbohidratos que el paciente va a comer. Y es más que conveniente, muchas veces, ver a la hora o a las dos horas la elevación del azúcar tras la comida correspondiente. Para ver si hay que administrar una nueva dosis de insulina para llevar el azúcar a su sitio, caso de que la dosis se pasara por escasa o la estimación de la comida por alta.

Así es la diabetes tipo 1 en nuestros días. Con este arado tenemos que arar, que no hay otro. O no hay otro hoy, que mañana ya veremos. O yo, al menos, no lo conozco. Con bomba de insulina o con múltiples dosis de insulina subcutánea. A mí me sale un mínimo de seis controles al día. Más si me levanto alguna madrugada sintiéndome rara y tengo que ver si tengo o no bajada de azúcar. Más si se me escapa un valor por lo alto y hago una corrección y quiero ver qué ha pasado a media mañana. Yo prescribo a mis pacientes con diabetes tipo 1 unas 200 tiras al mes, de media. Y creo que puedo quedarme corto. Pero quiero dejar claro aquí en qué se basa esto. No es un capricho o una ocurrencia. Es producto de la medicina científica de un momento histórico, de más de veinte años de experiencia y de un compromiso personal. De un acto de conciencia. Si mañana cambian las tornas, cambio al momento. Pero, por lo pronto, se ruega no pongan dificultades administrativas a mis enfermos. Suficiente tienen con lo que tienen, ¿No les parece?

No hay comentarios:

Publicar un comentario